El 13 de julio de 2014, Argentina se enfrentó a Alemania en la final del Mundial en el estadio Maracaná de Río de Janeiro. En ese encuentro, el equipo argentino perdió 1 a 0 en tiempo suplementario. Al día siguiente, Beatriz Sarlo, reconocida intelectual fallecida en 2024, compartió con Joaquín Morales Solá que, en lugar de ver el decisivo partido, había decidido visitar un museo, sólo para encontrarlo cerrado. Esta anécdota ha sido recordada y discutida en diversas ocasiones, con Sarlo manifestando: “Soy una enajenada, una elitista, que me llamen como quieran”, convirtiendo su experiencia en una imagen tan memorable como la propia final en un país donde el fútbol genera intensos debates. Este lunes, mientras Argentina jugaba ante Austria por el Mundial 2026, donde ganó 2 a 0 con dos goles de Messi para asegurar su clasificación a 16avos de final, diferentes espacios en Buenos Aires se convirtieron en refugios para quienes preferían evitar la multitud al momento del partido. Gimnasios, supermercados, museos y shoppings se vieron vacíos, ya que algunos aficionados optaron por hacer ejercicio, trabajar o disfrutar de actividades culturales. En un gimnasio del barrio de Núñez, Liliana, quien decide no ver el juego como parte de su cábala, comentó: “Se convierte en un paraíso porque no hay nadie”. Lleva a cabo su rutina mientras Messi se prepara para un penal, aunque finalmente el jugador falla en su ejecución. Héctor, otro asistente al gimnasio, admitió que el fútbol le ha dejado de importar, aunque aclaró que siempre ve las finales, evidenciando la dificultad de conseguir ayuda de otros durante el partido, ya que todos parecen enfocados en la transmisión. La jornada también estuvo marcada por la reducción de actividad en las calles y un aumento de la demanda en aplicaciones de transporte. Darío, un chofer, relató que prefirió no trabajar durante el primer partido contra Argelia, pero que tuvo que enfrentar la decisión entre ver el juego o sostener su economía familiar durante el encuentro contra Austria. Dentro del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), el ambiente era notablemente tranquilo, con pocos visitantes que optaron por disfrutar de la calma mientras el fútbol acaparaba la atención del público. José, un historiador de arte chileno, destacó que venir durante un partido es una estrategia efectiva: “Hoy ocurrió algo insólito: no hice fila”, expresó. Mauro y Martina, una pareja uruguaya de 25 años, también decidieron aprovechar la ocasión. Reconocieron que les daba un poco de vergüenza estar allí en un día de partido, pero valoraron que no todo en la vida es fútbol. Esto fue respaldado por José, quien señaló que los empleados del museo eran quienes más sufrían, con notables señales de falta de entusiasmo por la situación. En los supermercados, el ambiente era parecido. Lidia, una abogada de 60 años, se sintió como si estuviera en otro planeta por lo vacío del lugar, hasta que un grito jubiloso de los empleados celebró el primer gol de Messi, lo que la llevó a considerar que debería volver al supermercado en día de partido por la suerte que le trajo. En un hospital cercano, un médico en guardia admitió que, aunque la atención es prioridad, el desempeño de la selección logra captar la atención del personal. En contraste, en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, el auditorio se llenaba de gente disfrutando del evento, mientras otros espacios en el edificio permanecían en silencio, con estudiantes que intentaban concentrarse en sus estudios. Simón, un estudiante de derecho, reflejó cómo el Mundial afecta a su familia, mientras que Sisa, enfocada en sus estudios, notó un unusual número de personas mayores en el transporte público. En el shopping de Recoleta, los pasillos permanecían desérticos, salvo por la presencia de Simone y Rodrigo, visitantes que se sorprendieron con la atmósfera. Finalmente, al culminar el partido, Ailén y Fabricio se dirigían a la Basílica Nuestra Señora de Luján, comentando que en su experiencia en Buenos Aires escucharon más inglés y francés que el que esperaban, sintiéndose casi en un país distinto cuando celebraciones estallaron por el éxito de la selección.









