Su conexión con el sector agrícola se inició mucho antes de ocupar un cargo formal. Proveniente de la cuarta generación de productores ganaderos, su abuelo emigró a Argentina y se estableció en Chaco en 1904. Desde aquel entonces, el establecimiento familiar, ubicado en el departamento de General San Martín, ha permanecido en manos de sus descendientes. “Somos pequeños productores. Mi abuelo llegó hace más de un siglo y desde ese momento ese campo ha estado en nuestra familia”, comparte.
El papel de su padre fue fundamental en el camino que la condujo hacia la presidencia de la Rural chaqueña. Desde joven, lo acompañaba a la entidad, donde comenzó a involucrarse en las comisiones directivas. “Mi papá me trajo a la Sociedad Rural del Chaco cuando era muy jovencita y así empecé a formar parte en las comisiones directivas desde vocal suplente; fui pasando por distintos cargos en la Rural hasta ahora que soy presidenta”, recuerda.
Si bien eligió la abogacía como carrera, el campo nunca ha estado fuera de su vida. “Mi infancia siempre estuvo ligada al campo. La verdad es que siento un profundo amor y un profundo respeto por el trabajo del campo”, expresa. Agrega: “Soy abogada y me gusta mi profesión, pero el campo es mi pasión”.
Existen también otros lazos familiares en su historia. Su abuelo materno, Agustín Zampa, fue agricultor y uno de los pioneros en la fundación de Resistencia. Contaba con un pequeño terreno de 30 hectáreas en la zona sur de la ciudad y, ante el auge del algodón, entendió que su escala no le permitiría competir en ese cultivo.
Así, decidió orientar su producción hacia la horticultura, convirtiéndose en uno de los primeros en implementar el riego por aspersión en Chaco. “Producción de tomates y pimientos incluso llegaba a Buenos Aires: ‘Mandaban en avioneta a Buenos Aires las primicias de tomates y pimientos’”, relata.
Estos recuerdos explican por qué el campo es una parte esencial de su vida. “Es gente que siempre trabajó la tierra y eso lo viví desde niña. Recuerdo que iba con mi abuelo al campo y corría por la tierra arada”, rememora.
Desde marzo de este año, toda esta historia familiar se ha trasladado a su papel en la dirección institucional. Martínez Zampa tiene un mandato de dos años al frente de la primera Sociedad Rural fundada en la provincia, una entidad que lleva 108 años de trayectoria.
Su meta es continuar un proceso de renovación que comenzó hace aproximadamente cuatro años. La idea es modernizar la institución y transformarla en un espacio que ofrezca servicios vinculados a la producción.
El contexto productivo ha cambiado también, según destaca. La recuperación de los precios genera mayor entusiasmo entre los productores chaqueños, quienes, al observar una mejora en los valores, se sienten motivados a invertir. “El productor enseguida que tiene un poquito más de precio ya trata de invertir en genética, en un alambrado, en una bomba, en infraestructura porque el productor es así”, afirma.
Sin embargo, el clima presenta una inquietud. Martínez Zampa menciona que la posibilidad de un fenómeno de El Niño genera cierta preocupación por sus posibles efectos en la producción. “Eso es como una lucecita roja que tenemos en el camino”, advierte.
Su principal demanda está relacionada con el financiamiento. En Chaco, el 70% de los productores cuenta con menos de 50 vacas y considera que las herramientas de crédito deberían adaptarse a la escala y los tiempos de la actividad ganadera. “Para dar un salto en la producción esa gente necesita crédito, pero un crédito adaptado a la actividad ganadera, que requerimos que sea de al menos cuatro años con tasas acordes, por supuesto”, sostiene.
El problema se agrava con la informalidad que caracteriza a muchos pequeños productores, lo que dificulta su acceso al sistema financiero. “Muchos productores están en la informalidad, entonces eso hace mucho más difícil el acceso al crédito”, explica. Además, deben cumplir con una cantidad de requisitos para obtener financiamiento.
Para Martínez Zampa, esta situación representa una realidad productiva particular de la provincia: “Eso es lo que tiene el Chaco en cuanto a la marginalidad del pequeño productor que le cuesta mucho, porque somos una zona marginal”.
Ella comprueba esta realidad desde adentro. Desde hace aproximadamente tres años, asumió la administración del campo familiar en General San Martín, que le cedió su padre, dedicándose a la ganadería: “Toda la semana voy al campo, mis fines de semana son en el campo porque durante la semana trabajo en Resistencia”.
La historia familiar también comienza a establecerse en la próxima generación. Tiene dos hijos adultos: el mayor, de 25 años, colabora en la producción con un emprendimiento ovino; su hija, de 22, está vinculada a la actividad institucional a través del Ateneo de la Rural. “Toda la familia conserva esta pasión; la producción agropecuaria es un bichito que realmente nos apasiona. Entendemos y sabemos lo que implica el esfuerzo de producir en el campo”, concluye.









