Con el argumento de una “batalla cultural”, los sectores libertarios están desarrollando una serie de iniciativas de desregulación que buscan minimizar la intervención del estado. Recientemente, La Libertad Avanza logró un avance importante con la aprobación de la ley Hojarasca, que elimina más de 60 leyes que el oficialismo considera obsoletas o de difícil aplicación, a menudo en desacuerdo con la Constitución.
El siguiente paso contempla la derogación de la ley de Etiquetado Frontal, de acuerdo con fuentes del oficialismo. Esta ley, sancionada en 2021, causó divisiones tanto en el Congreso como en la opinión pública, pero fue especialmente rechazada por la industria alimentaria.
En términos generales, la ley impone que los alimentos envasados y las bebidas no alcohólicas deben mostrar en la parte frontal de sus envases sellos negros en forma de octágono que advierten sobre niveles excesivos de nutrientes críticos o calorías, fundamentados en perfiles nutricionales específicos de azúcares, sodio, grasas y calorías.
Además, la normativa exige que los envases informen (mediante etiquetas rectangulares) sobre la presencia de cafeína o edulcorantes y aconsejan su no consumo por parte de niños. También, la ley prohíbe que los productos que presenten al menos uno de los sellos utilicen en sus envases personajes infantiles o promesas de regalos, con un enfoque en la protección de la infancia.
Desde la Casa Rosada se admite que la motivación detrás de este impulso se debe, en gran medida, a la presión ejercida por la industria alimentaria, que ha estado en contra de esta iniciativa desde su promulgación.
Más allá del efecto que puedan tener los octógonos y las restricciones publicitarias, las empresas que operan en varios países de la región han manifestado que la falta de uniformidad en las etiquetas entre países es una queja válida. Por ejemplo, aunque en Uruguay se utilizan octógonos, estos no son equivalentes a los argentinos; en Chile se aplica un sistema de “semáforo”, y en Brasil, si bien los sellos son similares, existen otros criterios para su implementación. Esto significa que las empresas deben crear empaques diferentes para cada país, lo que plantea un desafío considerable.









