El economista Carlos Melconian ha manifestado una postura escéptica frente a la reciente flexibilización de los créditos en dólares para empresas no exportadoras impulsada por la administración de Javier Milei. Según su análisis, aunque la medida pretende movilizar la liquidez en moneda extranjera acumulada en el sistema bancario, carece de la escala necesaria para alterar la dinámica recesiva actual. Melconian calificó esta iniciativa como “una gota en el medio del mar”, subrayando que el impacto real sobre el entramado productivo será marginal frente a la magnitud de los desequilibrios que persisten en la macroeconomía argentina.
El diagnóstico sobre la inflación y el rumbo económico
Para Melconian, el programa económico enfrenta una contradicción fundamental en sus objetivos. El Gobierno intenta, de manera simultánea, reducir drásticamente la inflación, reactivar el nivel de actividad, acumular reservas internacionales y sostener un esquema cambiario con un “crawling peg” previsible. Sin embargo, el economista sostiene que “no banca esas cuatro cosas juntas”. En su visión, la presión por bajar el índice de precios colisiona con la necesidad de recomponer reservas, ya que esto último suele requerir un tipo de cambio más competitivo que, a su vez, presiona sobre los precios. Esta inconsistencia estructural sugiere que el rumbo actual podría enfrentar cuellos de botella difíciles de sortear sin ajustes en el diseño de la política económica.
El impacto en el bolsillo: Una recuperación lenta
Uno de los puntos más crudos del análisis de Melconian es la advertencia sobre los ingresos reales. A diferencia de otros planes de estabilización exitosos en la historia argentina, donde el salario real rebotaba con fuerza tras la caída inicial, el economista advierte que esta vez el proceso será sensiblemente más lento y doloroso. “El salario formal, informal, público y jubilatorio no va a superar a la inflación por un largo tiempo”, afirmó. Esta debilidad del consumo interno actúa como un lastre para la reactivación, ya que la caída del poder adquisitivo impide que la demanda agregada traccione la salida de la recesión con la velocidad que el Ejecutivo desearía.
Los créditos y el “espejismo” de la medida
La flexibilización de los préstamos en dólares es vista por Melconian como un intento de dinamizar una economía estancada en pesos utilizando los excedentes de los depósitos bancarios. Sin embargo, considera que esto es un “espejismo” que desvía la atención de los problemas de fondo, como la falta de una moneda estable y la incertidumbre regulatoria. Al centrar el relato oficial en herramientas financieras de alcance limitado, el Gobierno corre el riesgo de ignorar que la inversión real no depende solo de la disponibilidad de crédito, sino de un horizonte de rentabilidad y estabilidad que aún no termina de consolidarse. Para el economista, insistir en que esta medida “resolverá algo” es una simplificación que no ataca la raíz de la desconfianza inversora.
Conclusión: El desafío de los dólares reales
En el cierre de su análisis, Melconian reconoce el potencial de sectores estratégicos como Vaca Muerta y el crecimiento de las exportaciones energéticas y agroindustriales como motores genuinos de generación de divisas. No obstante, plantea que el verdadero desafío no es solo producir esos dólares, sino lograr que se traduzcan en una mejora sostenible de la macroeconomía y la calidad de vida de la población. La discusión de fondo que el Gobierno deberá afrontar, según Melconian, es cómo transformar ese flujo de recursos en estabilidad institucional y económica, evitando soluciones de corto plazo que solo postergan el abordaje de las reformas estructurales necesarias.









