Mientras la juventud de Modrić era testigo del despliegue de serbios, croatas, bosnios, eslovenos y montenegrinos luciendo la camiseta yugoslava, la historia personal de Luka se tornó trágica cuando su familia tuvo que emigrar tras el estallido del conflicto en los Balcanes, que incluso se llevó la vida de su abuelo. Sin embargo, la familia logró sobrevivir a la barbarie y regresar a Zadar, donde comenzó un nuevo capítulo que culminó con la despedida de un ícono del fútbol croata.
En su adiós a la camiseta blanca del Real Madrid en 2025, Modrić expresó: “No llores porque se terminó, sonríe porque sucedió.” Luego de 13 años en el club, se despidió habiendo dejado una huella imborrable con cuatro Ligas, seis Champions League y cinco Mundiales de Clubes. La emoción fue palpable, incluso fuera de España, para quienes veneran el deporte. Su legado se construyó junto a grandes como Casemiro, Kroos, Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos e Iker Casillas.
La leyenda dice que al entrar al vestuario de Valdebebas o al del Santiago Bernabéu, un profundo silencio de respeto se instalaba. Luka no solo era un crack; era un verdadero caballero. La noche anterior, en Toronto, Modrić disputó su último encuentro mundialista con Croacia, cerrando un ciclo en el que participó en cinco Copas del Mundo. Se dice que en la NASA aún investigan si alguna vez cometió un error en un pase.
Con Croacia, Modrić vivió partidos memorables, incluidos duelos frente a Argentina, donde anotó un gol. Su carrera comenzó en el Zrinjski Mostar de Bosnia-Herzegovina, en un año donde las cicatrices de la guerra aún estaban presentes, antes de consolidarse en el Dinamo de Zagreb, que en 2008 lo transfirió al Tottenham.
En Londres, se forjó su leyenda y en 2012 el Real Madrid lo adquirió. Aunque su llegada inicialmente generó dudas entre los aficionados, Luka rápidamente demostró su valía, convirtiéndose en el jugador con más títulos en la historia del club: 28. También obtuvo un Balón de Oro en una época dominada por Messi y Ronaldo, además de ser galardonado con el premio The Best.
Pero, como todo lo bueno, su tiempo en Madrid llegó a su fin, y su última temporada lo llevó al calcio, donde se unió al Milan. Aunque el equipo no competía por los primeros puestos, esta etapa le permitió prepararse para su último Mundial y, en definitiva, su despedida ante Portugal.
Adiós, Luka, a la Selección de Croacia. Adiós a los Mundiales. Bienvenido a la eternidad de las leyendas. El legado de un crack imperecedero queda marcado en la memoria colectiva. Gracias por todo lo que diste al fútbol.









