A pesar de esta tendencia negativa, Argentina se mantiene como un caso particular. Un 33% de los gestores consultados anticipa una mejora en los activos argentinos en los próximos seis meses, en comparación con aproximadamente un 23% que se muestra neutral y una pequeña fracción que prevé un deterioro.
Estos datos provienen de una encuesta realizada por Bank of America (BofA) a un grupo de 30 inversores institucionales que administran alrededor de 90.000 millones de dólares. Es importante aclarar que este relevamiento refleja las expectativas de los fondos y no constituye una recomendación del banco.
A pesar de que la percepción sobre la Argentina sigue siendo positiva, esta ha perdido algo de fuerza en relación a julio, con un leve descenso en el porcentaje que anticipa una mejora. La posición neutral, sin embargo, mantiene una presencia considerable.
El panorama no sugiere una inclinación agresiva hacia la inversión, sino más bien una cierta resistencia dentro de una región donde la aversión al riesgo se ha intensificado. Solo un 16% de los inversores planea aumentar su exposición a acciones en los próximos seis meses, la cifra más baja desde octubre de 2024 y notablemente inferior al promedio histórico.
Este movimiento indica que, aunque los fondos no prevén una crisis inminente en la región, consideran que la relación riesgo-recompensa ha perdido atractivo atractivo. Con tasas de interés internacional altas, un dólar robusto y un leve aumento de las expectativas de crecimiento de las ganancias, los inversores encuentran menos razones para ampliar sus posiciones.
La cautela también se refleja en la divergencia de las carteras. La proporción de efectivo en promedio se sostiene en un 6%, superando el promedio histórico de 5,5%. Además, el porcentaje de fondos que buscan protección contra una caída fuerte en los índices en un plazo de tres meses se encuentra ligeramente por encima de su media histórica, utilizando la liquidez como defensa y para mantener reservas ante posibles correcciones de precios.
El balance neto de quienes indican tener más riesgo que lo habitual en su cartera ha descendido a -37%, una cifra que representa el nivel más bajo desde abril de 2025, y confirma que la reducción se debe a una decisión general más que a movimientos específicos entre países o sectores.
Los cambios también se reflejan en la elección de estrategias, privilegiando las compañías de crecimiento en los próximos seis meses, mientras que las acciones de valor se relegan al último escalón. Estas últimas, que suelen cotizar a múltiplos bajos, no siempre garantizan oportunidades, ya que su precio reducido podría anticipar problemas más profundos.
Bank of America señala que este giro estratégico podría denotar un creciente temor a las “trampas de valor”, es decir, acciones que parecen asequibles pero que continúan en descenso debido a la desmejora de sus fundamentos.
En este entorno más selectivo, los sectores de servicios públicos y bancos mantienen una mayor sobreponderación, mientras que los sectores de consumo discrecional, básico y comunicaciones presentan posiciones defensivas o subponderadas.
En relación a Brasil, aunque es considerado ligeramente preferible frente a México, las proyecciones para sus activos han empeorado. Un 56% de los fondos ahora anticipa que el Ibovespa cerrará 2026 por debajo de los 180.000 puntos, un aumento notable respecto al 38% de julio. Casi la mitad de los consultados proyecta un cierre inferior a 170.000 puntos, lo cual abre la puerta a nuevas caídas.
El escenario también es preocupante en términos de estimaciones de ganancias, donde un 53% de los inversores anticipa revisiones a la baja en las empresas brasileñas relacionadas con la economía doméstica, un aumento significativo respecto al 35% de un mes atrás.
Los fondos esperan cierto alivio en la política monetaria, ya que más del 75% prevé al menos un recorte de 25 puntos básicos en la tasa Selic este año, y el 53% anticipa, como mínimo, dos disminuciones. BofA, en cambio, espera una baja aislada de 25 puntos básicos en septiembre, seguida de un prolongado período sin cambios.
Para que el Banco Central de Brasil pueda continuar este ciclo de disminuciones, los inversores consideran necesarias caídas en las expectativas inflacionarias, mejoras en las finanzas fiscales y mayor estabilidad en el tipo de cambio.
Entre las amenazas externas identificadas por los fondos, resalta la posibilidad de que las tasas estadounidenses se mantengan en niveles elevados y un fortalecimiento adicional del dólar. Estos factores pueden afectar simultáneamente a América Latina, ya que los altos rendimientos de los bonos del Tesoro aumentan la atracción de activos estadounidenses, encarecen el financiamiento internacional y disminuyen los incentivos para invertir en mercados emergentes. Un dólar fortalecido también presiona a las monedas regionales, generando riesgos inflacionarios y limitando la capacidad de los bancos centrales para reducir tasas, una combinación que representa un desafío para las economías que requieren recortes en el costo del crédito sin inducir una fuga de capitales.
Aunque los fondos anticipan un dólar global más fuerte en 2026, lo que podría explicar la devaluación proyectada del real brasileño y el enfoque más defensivo de los fondos, Argentina se destaca como una excepción relativa en este contexto. La percepción positiva hacia sus activos se impone sobre la neutral, mientras que la visión negativa permanece en niveles mínimos, a pesar de la disminución general del apetito por el riesgo en la región.
Aun así, es fundamental tomar este dato con cautela. El porcentaje de inversores que espera mejoras es poco más de un tercio y ha disminuido ligeramente desde julio. Esto indica interés por los activos argentinos, pero no refleja una tendencia de compra masiva. La diferencia es significativa, ya que los fondos no incrementan su exposición a América Latina de manera indiscriminada, sino que optan por mercados y activos que cuentan con catalizadores específicos. En este escenario, Argentina tiene la oportunidad de avanzar, pero necesitará demostrar que puede mantener esos catalizadores en un entorno internacional desfavorable.









