Según informaciones recientes, la administración provincial ha anunciado un incremento de entre 14% y 15%, lo que implicará un esfuerzo económico adicional estimado en $12.200 millones, elevando la masa salarial de aproximadamente $81.000 millones a $94.000 millones.
Un aspecto crítico de esta medida es que parte del aumento incluye un bono de $50.000 en Chachos, que se ha convertido en un símbolo de la crisis en la provincia. Este hecho envía un mensaje claro: si el salario debe complementarse con un medio de pago alternativo a la moneda oficial, las dificultades son tanto salariales como fiscales y económicas.
El gobernador intenta demostrar que el Gobierno provincial sostiene los ingresos de los empleados públicos ante un contexto adverso; sin embargo, la percepción tanto de la oposición como de la sociedad en general es mucho más severa. Los trabajadores no solo evalúan el porcentaje del incremento, sino que también se preguntan cuánto pueden adquirir realmente, dónde pueden utilizar los bonos, qué comercios los aceptan y qué valor práctico tienen en su vida diaria.
Esta situación nuevamente sitúa a La Rioja en una posición comprometida. A diferencia de otras provincias que discuten paritarias, obras públicas o sanación de cuentas fiscales, el gobierno riojano se ve ligado una vez más a una cuasimoneda para abordar una parte del alivio salarial.
El gobernador deberá aclarar el tiempo durante el cual se seguirán utilizando los Chachos, cuál es su nivel de aceptación real, el costo financiero de dicha operación, cómo se controla su circulación y cuándo los trabajadores podrán recibir su incremento íntegramente en pesos.
El desafío es que, si bien esta herramienta puede ser útil para sortear las dificultades inmediatas, también simboliza una señal de debilidad. Un salario que requiere de bonos provinciales para completarse transforma su naturaleza: pasa de ser un ingreso laboral a un mecanismo de supervivencia fiscal.
La Rioja enfrenta una paradoja política: el Gobierno pone en marcha aumentos, pero el formato de esos aumentos revela la crisis subyacente. Cada vez que los Chachos son mencionados, Quintela se ve obligado a responder una pregunta sencilla: si la provincia está en orden, ¿por qué sus trabajadores dependen de bonos para recibir parte del alivio salarial?









