Al ser consultado sobre la dinámica del costo de vida para junio, Rapetti fue claro: “A nosotros nos da 1,9%. O sea que perforaría el 2% en el que venía”. No obstante, se mostró escéptico respecto a la meta oficial de alcanzar una inflación nula en el corto plazo.
“Veo difícil que comience con cero”, aseveró. El economista destacó que la “inercia inflacionaria” —el fenómeno que hace que la inflación pasada influya en los contratos y precios actuales— complica el proceso de desinflación, especialmente cuando se alcanzan niveles de inflación en un dígito bajo.
Para Rapetti, el Gobierno podría verse tentado a enfocarse en la reducción del índice de precios a cualquier costo, pero advirtió que “tarda más en bajar de lo que se cree”, recordando las fallidas metas del gobierno de Mauricio Macri en 2016.
Una de las conclusiones más contundentes de su análisis fue la dicotomía entre los indicadores financieros y la realidad social. “La macro está bien, la micro está mal”, sentenció.
A pesar de reconocer que la disminución del riesgo país, el superávit fiscal y la estabilidad del dólar son “un logro para el Presidente” en relación con la herencia que recibió, alertó sobre los costos que implica este ordenamiento.
Con la mirada puesta en las elecciones presidenciales del próximo año, Rapetti ofreció un consejo al equipo económico dirigido por Luis Caputo: “Hoy al Gobierno le conviene más priorizar la actividad y el empleo que la baja de la inflación”.
Desde su perspectiva, obsesionarse con alcanzar una inflación cero mientras se ve afectado el poder adquisitivo y se destruye el empleo formal puede conducir a una “mala performance electoral”. “No se soluciona todo con Vaca Muerta y la minería; esos sectores no generan tanto empleo masivo. Argentina necesita impulsar al resto de la economía, como el turismo y los servicios industriales”, concluyó.
Finalmente, sobre el futuro de los mercados, Rapetti llamó a la prudencia: “La incertidumbre política va a estar. El no peronismo nunca fue hegemónico en la historia y el mercado financiero le teme a un cambio de rumbo”. Por ello, prevé un 2027 caracterizado por la volatilidad y “huida al dólar” como precaución ante los escenarios electorales.









