Laura Crujeiras, propietaria del restaurante Lume, situado en Santiago de Compostela, España, habló sobre la estrategia que han implementado para mitigar este inconveniente: requieren una tarjeta bancaria como garantía al momento de realizar una reserva.
Conocido en la industria gastronómica como no-show, este fenómeno ocurre cuando un cliente hace una reserva, el restaurante guarda la mesa y, al llegar el momento, el cliente no se presenta ni avisa su ausencia.
En el caso de Lume, decidieron establecer una garantía económica. Crujeiras mencionó: “Pedimos la tarjeta de crédito y si la persona no aparece, le cobramos 20 euros”. Este monto se aplica por cada comensal, lo que significa que el total a cobrar aumenta según el número de personas en la reserva. Por ejemplo, una mesa para cuatro implica una garantía de 80 euros.
Sin embargo, esta cantidad no se cobra de forma automática al realizar la reserva; la tarjeta sirve como garantía y se realiza el cargo solamente si el cliente no se presenta sin notificarlo con anticipación.
Esta política busca fomentar un mayor compromiso por parte de quienes reservan. En caso de que el cliente sea consciente de que no podrá asistir, puede cancelar dentro de los plazos establecidos, permitiendo al restaurante ofrecer ese espacio a otros interesados.
Crujeiras destacó que esta medida ha tenido un impacto positivo en el comportamiento de los clientes. Desde la implementación de la solicitud de tarjeta, las ausencias sin aviso se han vuelto excepcionalmente raras.
La propietaria comentó que, en la actualidad, los pocos casos de no presentación suelen estar vinculados a imprevistos. Por esta razón, distintos restaurantes han comenzado a aplicar políticas de cancelación, anticipos o garantías económicas para mitigar las pérdidas ocasionadas por los no-shows. Las condiciones varían de un establecimiento a otro.
En el restaurante Lume, la estrategia implementada es clara: requerir una tarjeta como garantía y un cobro de 20 euros por persona en caso de no asistencia. Una decisión que, según la experiencia de Crujeiras, ha contribuido a cambiar las pautas de comportamiento de los clientes y a disminuir las reservas que terminan con mesas vacías.









