Un desarrollo innovador permite identificar si una persona está sufriendo un ataque cerebrovascular (ACV) mediante una fotografía de su rostro y una grabación de voz. Además, se han creado dispositivos parecidos a relojes inteligentes que miden parámetros que podrían prevenir un ataque en individuos de alto riesgo, y un resonador que combina imágenes con datos clínicos y seis biomarcadores para clasificar el tipo de lesión cerebral en menos de tres minutos. Aunque estos son solo algunos ejemplos de las investigaciones en curso por parte de empresas y startups a nivel global, la inteligencia artificial (IA) avanza rápidamente en la detección temprana y el tratamiento del ACV. Este avance fue destacado por profesionales de la especialidad durante la 35° Semana del Intervencionismo Mínimamente Invasivo (SIMI), iniciada recientemente. “En medicina, no hay que pensar que la IA está por venir: ya está presente. En el tratamiento del ACV, estamos utilizando un software con IA que detecta qué pacientes hay que tratar y cómo. Eso es un paso que ya se dio. Ahora, estamos en el siguiente: la integración de la IA a la tecnología disponible”, explicó un referente del sector. El ACV es una emergencia que requiere atención inmediata, ya que se estima que el cerebro pierde neuronas equivalentes a entre tres y seis años de envejecimiento por cada minuto de retraso. Este evento ocurre cuando un coágulo o el desprendimiento de una placa aterosclerótica bloquea una arteria cerebral (tipo isquémico) o cuando una pared arterial se rompe (tipo hemorrágico), siendo el primero el más común en el país. Según cifras oficiales, alrededor de 50.000 ataques se registran anualmente, lo que llevó a la implementación de un programa nacional para su detección, tratamiento y rehabilitación. Durante el primer día de la SIMI 2026, especialistas internacionales discutieron sobre varias cuestiones, desde técnicas y tratamientos hasta la necesidad de reestructurar el proceso de atención de un paciente al ser trasladado a un centro especializado. Dos de las empresas líderes en el suministro de equipos para las unidades de ACV mostraron cómo están incorporando la IA en tomógrafos, resonadores y angiógrafos. Expertos de Estados Unidos y Alemania compartieron sus experiencias sobre el uso de la IA en la reducción de tiempos de espera, desde la interpretación de imágenes hasta la selección de pacientes para los tratamientos disponibles. “¿Dónde empieza todo? En la casa de un paciente”, planteó un especialista. “En el futuro, el diagnóstico del ACV se hará fuera del hospital”, aseguró. Se refirió a proyectos en desarrollo que buscan anticipar la detección de un ACV, como una app capaz de identificar señales de alerta en imágenes de personas, o wearables que calculan el riesgo de un ataque. Sin embargo, uno de los desafíos mencionados es la falta de financiamiento en comparación con otros campos de investigación en IA. Otro profesional enfatizó: “Hay que empezar a plantearse cómo trabajar con ella, no ir en contra. Me gusta más hablar de progreso porque está impulsado por personas. Hay que tener precauciones con los avances en salud, pero hay que aprender a convivir con la IA”. Utilizó como ejemplo un artículo publicado hace una década que predecía que la IA reemplazaría a los radiólogos en cinco años, un hecho que no ocurrió, destacando que “la inteligencia humana es distinta a la inteligencia artificial: la segunda no puede generar nuevos datos”. Un desarrollo futurista podría integrar la IA en equipos robóticos para intervenciones endovasculares. Un especialista argentino explicó que se está avanzando en la incorporación de IA en robots para la primera fase del tratamiento de un paciente con ACV isquémico, que consiste en la extracción del coágulo que bloquea el flujo sanguíneo. “Estamos empleando la IA en el diagnóstico mediante imágenes por tomografía para determinar qué pacientes deben ser tratados. Hay que tener cuidado, ya que el daño que puede ocasionar un tratamiento inadecuado es enorme. La futura IA asistirá en identificar riesgos, deteniendo el procedimiento al reconocer ciertos problemas”, añadió el profesional. La información utilizada proviene de miles de imágenes recopiladas durante diagnósticos y procedimientos en centros especializados en el tratamiento del ACV. “¿Cómo saber que se va a dañar algo si no se han analizado previamente 30.000 casos? Ese es el gran poder de la IA”, destacó. A medida que se integre con la robótica, podría facilitar el acceso a las arterias y el posicionamiento de catéteres. Sin embargo, queda pendiente la rehabilitación de un número significativo de pacientes. Mucho se habla del tratamiento inmediato, pero poco de la rehabilitación post-ACV. El especialista afirmó que actualmente se logra salvar a casi el 50% de los pacientes, pero que mientras la mitad se recupera adecuadamente, otros quedan con secuelas motoras. “Esta es la gran frontera que debemos abordar para recuperar a esos pacientes”, agregó. Los obstáculos incluyen las limitaciones en las coberturas para incluir la rehabilitación y la insuficiencia de centros capacitados para proporcionar dicha atención de forma temprana. “La rehabilitación debe ser inmediata; no se puede esperar tres meses para comenzar, porque cuanto antes se inicie, mejor”, enfatizó el especialista. En la SIMI, se presentó una guía elaborada por un centro especializado que incluye un protocolo internacional a seguir a partir de las primeras 24 o 48 horas, siempre que se cumplan ciertas condiciones. “La rehabilitación temprana aborda las deficiencias claves que sufren los pacientes en la fase aguda de la enfermedad. Estas incluyen problemas de deglución, alteraciones en el lenguaje y habilidades motoras, así como la capacidad de realizar actividades de la vida diaria”, detalla la guía.









