La génesis de su emprendimiento se basa en una experiencia familiar dolorosa. Al perder a su padre a la edad de nueve años, su madre, viuda y sin acceso a una cuenta bancaria, tuvo que asumir el control de las finanzas familiares. “Éramos familia de clase media, pero lo habitual era que mi papá manejara todo. Vi el proceso de mi mamá de ir al banco y abrirse la cuenta en el medio de la angustia”, recordó.
Esa inexperiencia con el sistema financiero tuvo graves consecuencias. En 1996, la madre de Castelli decidió resguardar el dinero del seguro de vida de su esposo en un plazo fijo, un capital que se vio atrapado y devaluado años después. “En el 2001 perdimos toda la plata, yo me crie con esa historia, soy hija del corralito”, expresó la emprendedora.
Su trayectoria profesional incluyó estudios en contabilidad, especialización en administración de empresas y experiencia en bancos de inversión. Desde su posición en el sector corporativo, comprendió que las crisis económicas no eran las únicas responsables de las dificultades financieras. “Entendí que hay gente que pierde y gente que no, y la diferencia era la educación, saber qué hacer con tu plata”, subrayó.
Al examinar el panorama, Castelli observó que las mujeres enfrentaban mayores obstáculos para acceder a estos conocimientos. Esto se debe a que se integraron más tarde al mercado laboral y, como resultado, poseen menos experiencia en la creación y administración de inversiones. “Me quise enfocar en ayudarlas porque la mujer es la gran educadora de la familia”, argumentó en su análisis.
Actualmente, la situación comienza a transformarse gracias a lo que ella denomina una “inteligencia financiera colectiva”. Romper el estigma de hablar sobre dinero, salarios o deudas en entornos íntimos y laborales es, según su perspectiva, el primer paso para equilibrar la balanza y evitar tomar decisiones sin la debida información.
En cuanto a la evaluación de la salud económica personal, la entrevistada destacó las principales señales de alerta. La primera no se relaciona con cifras, sino con emociones. “Si cuando tenés que tomar una decisión de plata la pasás mal, te falta educación financiera. Si te genera ansiedad comprar una heladera en cuotas porque no sabés qué crédito tomar, ahí hay una alerta”, ilustró.
La segunda señal de alerta es de carácter matemático y refleja la base de las dificultades económicas: gastar más de lo que se ingresa y no llegar a fin de mes.
Para abordar este problema, la especialista respaldó una idea planteada durante el programa. “Antes de acortar tu calidad de vida, preferís trabajar el doble para ganar más. Yo no aspiro a reducir mis gastos, sino a aumentar mis ingresos”, concluyó.









