Las enfermedades del sistema circulatorio son responsables de más de 100.000 muertes al año en el país, lo que representa un 30 por ciento de todas las defunciones por causas conocidas. Este porcentaje supera al de las muertes atribuibles a enfermedades respiratorias, que se ubican en un 22 por ciento, y a las oncológicas, que alcanzan el 19 por ciento. Dentro de las afecciones cardiovasculares, el Infarto Agudo de Miocardio se considera una verdadera urgencia médica, y cada minuto sin tratamiento implica una mayor pérdida de músculo cardíaco, lo que incrementa el riesgo de insuficiencia cardíaca, arritmias severas y, eventualmente, la muerte. Por ello, expertos advierten que el problema no se limita al acceso al tratamiento, sino que también se encuentra en un error común observado en situaciones de emergencia: la espera prolongada en la búsqueda de atención médica. Nos comentó un documento de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) que una parte significativa de los pacientes aguarda más de una hora antes de consultar, incluso cuando presentan síntomas que podrían indicar un evento cardíaco agudo. Este informe detalla los síntomas típicos: “Un dolor intenso en el pecho, una sensación de opresión persistente, falta de aire repentina o un malestar general indefinido.” Asimismo, agrega que “cuando se trata de un infarto, el organismo suele emitir señales de alerta. Sin embargo, muchas personas tienden a dudar, minimizan los síntomas o esperan que estos se resuelvan por sí solos. Esta demora puede tener consecuencias irreversibles.” Sergio Baratta, presidente de la SAC, enfatizó que “la población debe entender que, ante síntomas compatibles con un infarto, no hay tiempo para especulaciones. Si el diagnóstico y tratamiento son inmediatos, aumentan significativamente las probabilidades de supervivencia y disminuyen las secuelas.” Por esta razón, desde la sociedad científica subrayan la importancia de reconocer las señales de alarma y actuar sin dilaciones. Además del dolor en el pecho, se deben tener en cuenta otros síntomas, como el malestar que se irradia hacia los hombros, brazos, cuello, mandíbula o espalda, dificultad para respirar, sudoración fría, náuseas, mareos, palidez y un malestar general repentino. “Por lo general, estos síntomas tienen una duración de más de 10 o 15 minutos, o pueden reaparecer tras una mejoría temporal”, señala el documento de la SAC. En el caso de las mujeres, los síntomas pueden manifestarse de manera diferente. Frecuentemente, el malestar puede presentarse como dolor en la región abdominal superior, sensación de acidez, cansancio extremo, ansiedad, náuseas o dificultad respiratoria. En los adultos mayores, las manifestaciones pueden ser menos típicas, incluyendo confusión, apatía, pérdida súbita de funcionalidad o disminución del apetito. Ante esta situación, los especialistas de la SAC recomiendan seguir diez pautas fundamentales: 1- No subestimar los síntomas. Ante dolor o malestar compatible con un infarto, especialmente si persiste más de unos minutos, se debe considerar como una urgencia médica. 2- Llamar de inmediato al servicio de emergencia. Solicitar ayuda profesional debe ser la prioridad. Informar a familiares o amigos puede hacerse en paralelo, pero no debe retrasar la consulta. 3- No intentar conducir hacia la guardia ni trasladarse por medios propios. Durante un infarto, pueden ocurrir arritmias graves o pérdida de conocimiento que ponen en peligro la vida del paciente y de otros. 4- Estar en reposo. Lo recomendable es sentarse o recostarse en una posición cómoda, preferentemente con la cabeza ligeramente elevada, evitando cualquier esfuerzo físico. 5- Mantener la calma, dentro de lo posible. La ansiedad incrementa la carga del corazón y puede agravar la situación. Respirar lenta y profundamente puede ser útil en esos momentos críticos. 6- Facilitar el ingreso de los equipos de emergencia. Si la persona está sola, lo mejor es desbloquear la puerta de entrada, encender las luces exteriores e interiores y despejar los accesos para ahorrar tiempo valioso cuando llegue la ambulancia. 7- Tener el teléfono cerca. Frecuentemente, el operador de emergencias mantiene contacto para monitorear la evolución del cuadro y brindar instrucciones adicionales. 8- Informar sobre cualquier empeoramiento de los síntomas mientras se espera la asistencia. Datos como un aumento del dolor, dificultad para respirar o pérdida de fuerza son cruciales para el equipo médico. 9- No automedicarse. Aunque la aspirina puede ser parte del tratamiento inicial en algunos casos de sospecha de infarto, lo ideal es seguir las indicaciones del personal de salud. No se deben tomar analgésicos comunes como ibuprofeno o diclofenac con la intención de aliviar el dolor. 10- No esperar a que el dolor disminuya. Muchas personas creen que el cuadro se resolverá por sí solo y procrastinan la consulta. Esta actitud aumenta significativamente el riesgo de complicaciones. En este contexto, la SAC promueve el proyecto “Redes que salvan vidas”, que consiste en asesorar para la implementación de Redes Provinciales de Atención del Infarto Agudo de Miocardio. “La evidencia científica indica que la mortalidad relacionada con el infarto está directamente ligada al tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y la restauración del flujo sanguíneo en la arteria obstruida. Por ello, las redes de atención buscan minimizar cada minuto perdido durante el proceso asistencial”, sostiene la SAC. En el país, los datos muestran que la mortalidad no ha disminuido en los últimos 12 años, manteniéndose en torno al 8 por ciento, cifra que es el doble de la registrada en la comunidad europea y otros países de la región. “La razón de esta situación radica en que no ha habido mejoras significativas en los tiempos de reperfusión del infarto, es decir, en la apertura de la arteria obstruida mediante angioplastia. Además del impacto en la mortalidad durante la fase crítica del evento, el 40 por ciento de los pacientes no reperfundidos desarrolla insuficiencia cardíaca tras el evento, lo que repercute en invalidez, mortalidad a mediano plazo y costes triplicados para el sistema de salud”, concluye la SAC.









