Expertos en gerontología han estudiado la conexión emocional que las personas mayores tienen con los objetos acumulados a lo largo de sus vidas. Para estas personas, ciertos objetos trascienden su utilidad funcional y se convierten en símbolos de recuerdos, relaciones y etapas significativas.
Un concepto clave en este análisis es el “convoy material”, introducido por los investigadores Gabriella V. Smith y David J. Ekerdt de la Universidad de Kansas. En un estudio de 2011, publicado en la revista Sociological Inquiry, describen cómo las pertenencias de una persona funcionan como un convoy que la acompaña a lo largo de su trayectoria vital. Dichos objetos, que cumplen funciones prácticas, también están ligadas a la identidad y a las diversas etapas de la vida.
Con el paso del tiempo, muchas personas llegan a la conclusión de que ya no necesitan una cantidad considerable de cosas que han atesorado. No obstante, desprenderse de ellas puede resultar complicado, dado que estas pertenencias llevan consigo un valor emocional que va más allá de su función práctica.
Por lo tanto, regalar un objeto valioso no implica necesariamente que la persona ya no lo aprecie. En algunas ocasiones, puede ser una señal de que el objeto tiene tal importancia que se desea que esté en manos de alguien significativo.
Una de las teorías que complementa esta comprensión es la de la selectividad socioemocional, propuesta por la psicóloga Laura Carstensen y su equipo de Stanford. Esta teoría sugiere que a medida que las personas perciben que su tiempo es limitado, tienden a priorizar experiencias, relaciones y metas emocionalmente relevantes.
Asimismo, el psicólogo Erik Erikson describió la generatividad como uno de los desafíos cruciales del desarrollo adulto, en la que se busca contribuir al bienestar de otros y dejar un legado que perdure más allá de uno mismo. Regalar un objeto, en este contexto, puede entenderse como un modo de compartir parte de la propia historia familiar.
Por eso, cuando un adulto mayor inicia el proceso de regalar sus pertenencias, no necesariamente está buscando deshacerse de ellas. Esta acción puede reflejar una revalorización de su relación con sus posesiones, al mismo tiempo que se cuestiona qué desea conservar, qué legado quiere dejar y a qué personas desea transmitir aquellos objetos que han tenido un significado especial en su vida.









