En días recientes, se han producido novedades que han alentado a los mercados. El lunes, Luis Caputo presentó detalles sobre el plan financiero que se implementará hasta finales de 2026 y 2027. El ministro de Economía expuso cómo se enfrentarán los vencimientos de deuda, que el año próximo alcanzarán los 25.000 millones de dólares. Además, enfatizó que no será necesario recurrir al financiamiento internacional para hacer frente a estos compromisos.
De manera adicional, se anunció la intención de modificar la Carta Orgánica del Banco Central, con el objetivo de prohibir la emisión monetaria para financiar al Tesoro, abandonando el enfoque excesivamente laxo del texto vigente, establecido en 2012. El enfoque que ahora se repite entre varios miembros del equipo económico es que habrá un exceso de dólares, pero escasearán los pesos.
El pago de 4.200 millones de dólares por los Bonares a mediados de semana también generó entusiasmo entre los inversores, dado que confirma la voluntad oficial de cumplir con sus obligaciones. Aunque puede parecer un hecho trivial, este compromiso es significativo en un país que a menudo ha enfrentado defaults.
El martes se anticipa un dato positivo adicional: se espera que la inflación de junio sea inferior al 2% por primera vez en el año. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se registró un 1,8%, y se espera que la tasa de inflación nacional refleje cifras similares. Con tres meses consecutivos de reducción, se puede asumir que el proceso de desinflación está en marcha, dejando atrás los diez meses seguidos de aumento desde mayo del año pasado.
El favorable recibimiento por parte de los mercados a estas noticias se ha traducido en nuevos incrementos en la cotización de bonos y una reducción adicional del riesgo país. Sin embargo, no queda mucho margen para una mayor compresión, dado que los países con calificaciones similares a la de Argentina, que se encuentran en la categoría de “B-”, mantienen niveles promedio de 350 puntos, a los cuales los bonos argentinos se están acercando rápidamente.
En este contexto, la posibilidad de una emisión de bonos en el extranjero se vuelve cada vez más tangible. Tanto Javier Milei como Caputo han coincidido en los últimos meses en la decisión de evitar una emisión internacional, debido a la percepción de tasas de interés excesivamente altas. No obstante, el destino de esta situación no depende únicamente de las acciones del Gobierno.
Otra variable que incide en el riesgo país es la tasa de los bonos estadounidenses, que supera el 4,5% anual para plazos de diez años. Sin una disminución en estos niveles, será complicado salir al mercado internacional.
Por lo tanto, la atención del Ministerio de Economía se ha centrado en el mercado interno, con la colocación de bonos en dólares de corto plazo. La semana entrante se espera la emisión de un nuevo Bonar 2029, destinado a absorber parte de los dólares que el Tesoro ha pagado a los ahorristas locales. Se estima que esta tasa será inferior al 9% anual.
Con esta acción, se agotará el límite que el propio Gobierno se ha impuesto para financiarse en el mercado local. Continuar con la emisión de deuda en dólares podría restar espacio a empresas, bancos y otras entidades, incluyendo gobiernos provinciales, que también buscan financiamiento en el ámbito local.
La posibilidad de recuperar el acceso al financiamiento internacional se presenta como una de las más prometedoras en los últimos años, algo que no se ha logrado desde 2018.
En este sentido, el Gobierno está en conversaciones con un grupo de bancos para obtener nuevos fondos, aunque esos recursos estarían garantizados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. El reto es abrir el mercado de crédito internacional sin la necesidad de colaterales.
Conseguir dólares frescos en el ámbito internacional sería una solución para al menos dos problemáticas. La primera, y más obvia, es diversificar las fuentes de financiamiento para disminuir la dependencia de otras alternativas. Por ejemplo, el programa financiero menciona 1.500 millones de dólares provenientes de privatizaciones y 4.900 millones de dólares mediante compras al Central, todo esto para saldar deudas que vencen el año que viene.
Emitir bonos en el exterior disminuiría la presión sobre las demás opciones de financiamiento estipuladas en el programa. Esto también permitiría al Banco Central aumentar sus reservas. La obligación de pagar deudas en dólares propios le obliga a utilizar parte de las reservas adquiridas para cumplir con sus acreedores. Refinanciar vencimientos aceleraría la acumulación de reservas.
Recientemente, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial han reiterado la importancia de que Argentina recupere el acceso al crédito internacional; esta es una de las prioridades dentro del nuevo acuerdo firmado el año pasado, además de estar en la “fase 4” del plan monetario presentado a inicios de año.
De no alcanzar este objetivo, el Banco Central estará bajo presión en los próximos meses. La compra de dólares ha caído considerablemente en las últimas semanas debido a una disminución en la oferta. Al mismo tiempo, se deben seguir realizando pagos de deuda, lo que probablemente provocará una caída en el nivel de reservas, algo que no sería bien recibido por el mercado, en especial ante la proximidad del calendario electoral.
A pesar de la aparente bonanza financiera, existen preocupaciones adicionales sobre la microeconomía y cómo se reflejará la recuperación en el poder adquisitivo de la población. Las encuestas coinciden en que las preocupaciones más relevantes actualmente son el empleo y el poder de compra, mientras que la inflación ha pasado a un segundo plano.
El proceso de desinflación está generando expectativas sobre una mejora gradual de los salarios reales. Desde abril comenzó este proceso, el cual parece haberse mantenido en los dos meses posteriores, completando así un trimestre positivo para los ingresos.
Tras un abril poco favorable para la actividad, los primeros datos oficiales de mayo indican un repunte. Tanto la industria como, en particular, el sector de la construcción han mostrado un aumento respecto al mes anterior. Sin embargo, estos sectores todavía permanecen muy por debajo de los niveles alcanzados en 2023.
En los próximos meses, se espera que se noten mejoras en sectores que previamente se consideraron “perdedores” del modelo. Estos sectores, que sufrieron un duro golpe durante los dos primeros años de Milei, comienzan a encontrar un piso. Esto incluye al comercio mayorista y minorista, que también empieza a mostrar señales de recuperación. A la luz de esta mejoría, varias consultoras han elevado sus pronósticos de crecimiento para este año, estimando tasas que podrían alcanzar el 3% o incluso más.
Si el dólar se mantiene estable y la inflación permanece en torno al 2% o algo menos, la recuperación podría volverse más evidente para la población. No se tratará de los “mejores 18 meses de la historia argentina”, pero sería suficiente para consolidar la imagen del Presidente, quien también ha registrado un leve aumento en los últimos tiempos.
En resumen, la consolidación del Gobierno y las perspectivas electorales de Milei influirán en si el año 2027 será un periodo electoral típico, caracterizado por incertidumbres y turbulencias, o si podrá transitarse sin mayores contratiempos.









