La confrontación que tuvo lugar anoche en Floresta entre la barra de All Boys y la Policía resultó en cuatro agentes heridos y ocho detenciones, entre las cuales se incluye a un menor que fue liberado por decisión de la fiscalía. Sin embargo, esta situación no se generó de manera repentina. Las violentas escenas que se desataron en la calle Mercedes y sus alrededores remontan su origen a casi siete meses atrás, específicamente el 28 de marzo de este año, cuando se realizó un banderazo de apoyo al equipo antes de un clásico ante Nueva Chicago en Mataderos. En esa ocasión, varios integrantes de la barra conocida como La Peste Blanca introdujeron pirotecnia no autorizada, lo que provocó la explosión de varios artefactos y dejó a algunas personas con quemaduras leves. La Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Deportivos de la Ciudad identificó a dos de los barras, Federico Adán y Darío Hernán Cortese, como presuntos responsables, y dos semanas después, se les impuso un derecho de admisión de 24 meses para acceder a cualquier estadio. Desde entonces, las tensiones entre La Peste Blanca y la Policía de la Ciudad han aumentado considerablemente. Tras un enfrentamiento violento en 2018 que dejó a varios policías y barras heridos, cada partido de All Boys se transforma en una situación potencialmente explosiva. El año pasado, otros cinco líderes de la barra fueron sujetos a restricciones por actos antisemitas, mientras que tres más fueron sancionados por distintos disturbios. En meses recientes, la barra protagonizó un enfrentamiento ante la amenaza de demolición de un ex instituto de menores cercano al estadio, donde All Boys planeaba desarrollar un espacio deportivo y cultural. La situación finalmente estalló anoche, minutos antes del comienzo del partido contra Godoy Cruz, cuando la Policía identificó a Federico Adán, quien intentaba ingresar al estadio a pesar de su restricción. Los agentes de la división de seguridad se acercaron para infraccionarlo y sugirieron que se retirara, pero Adán expresó su deseo de presenciar el crucial encuentro que podía determinar la permanencia del Albo en la Primera Nacional. La presión creciente por la situación deportiva llevó a que comenzara a gritar, y algunos testigos afirmaron que la Policía utilizó gas pimienta para contenerlo, aunque desde la fuerza lo desmienten. Ante esto, un grupo de barras, que presenciaba la escena a menos de 100 metros, decidió intervenir, lo que convirtió un procedimiento rutinario en un violento enfrentamiento. Cerca de 50 miembros de la barra se unieron a la pelea con los oficiales, arrojando piedras y generando un caos que llevó a la Policía a intensificar su respuesta. Estuvieron involucrados en disturbios que se extendieron por las inmediaciones del estadio, lo que resultó en un retraso de 30 minutos en el inicio del partido mientras se intentaba restaurar el orden. Después de aproximadamente 15 minutos de enfrentamientos, se lograron arrestar a ocho barras, entre ellos un menor, que fue liberado tras la consulta con la fiscalía. Los demás fueron trasladados a la comisaría y enfrentarán cargos por resistencia a la autoridad y lesiones leves, aunque se espera que sean liberados en las próximas 24 horas a menos que tengan antecedentes, y todos recibirán un derecho de admisión de cuatro años, el máximo permitido por la normativa porteña. Por si fuera poco, el plantel de All Boys ingresó al campo de juego con una bandera firmada por la barra, en homenaje a un hincha conocido como Pili. Aunque algunos lo interpretaron como un gesto de poder por parte de La Peste Blanca, la dirigencia había solicitado autorización para mostrar el estandarte, y la Security lo había permitido. Esta práctica es común en el fútbol argentino, y los jugadores, ante la presión de los barras y la delicada situación del equipo en la tabla, no estaban en posición de negarse.









