Ni la mística de La Boca ni la infraestructura de Núñez: en la Ciudad de Buenos Aires, el verdadero epicentro del fútbol se explica a través de la lógica inmobiliaria. Un exhaustivo relevamiento realizado por Terres sobre 411 espacios deportivos revela una realidad que desafía los mitos populares: el barrio con mayor densidad de canchas no es la cuna de los grandes clubes, sino Villa Soldati.
Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de la interacción entre la pasión deportiva y el valor del suelo. El estudio identificó canchas en 40 de los 48 barrios porteños, abarcando desde potreros y complejos de fútbol 5 hasta estadios profesionales. Villa Soldati lidera el ranking con 57 espacios, seguido por Flores y Palermo con 35 cada uno. El top 10 se completa con Belgrano (28), Núñez (25), Villa Lugano y La Boca (21 cada uno), Barracas (18) y Parque Avellaneda.
La arqueología del terreno urbano
“El fútbol porteño vive, casi siempre, sobre el terreno que la ciudad no construyó. Lo que cambia entre un estadio y un potrero es el momento. Los estadios aprovecharon el terreno cuando no había grandes construcciones, hace noventa años. Los potreros ocuparon y ocupan sobrantes de terreno”, explica Federico Akerman, director de Terres.
La historia de la ciudad es, en parte, la historia de sus estadios. Las grandes instituciones nacieron a principios del siglo XX, cuando la periferia ofrecía superficies extensas a precios bajos. Con la consolidación de la trama urbana, esos predios quedaron rodeados de densidad, convirtiéndose en oasis imposibles de replicar hoy bajo la lógica del mercado actual.
La curva en “U”: del potrero al club de élite
El análisis de Terres describe una relación particular entre la cantidad de canchas y el valor de la tierra, graficada como una curva en “U”. En un extremo, donde el suelo vale menos de u$s100 por m2 (Villa Soldati, Lugano, Riachuelo), predominan los potreros y espacios públicos. En el otro extremo, en zonas de alta incidencia como Núñez o Belgrano (más de u$s600 por m2), el fútbol resiste únicamente gracias a los grandes estadios e instituciones centenarias que protegieron sus tierras antes de la explosión inmobiliaria.
Sin embargo, es en la “panza” de la curva donde la pelota pierde espacio. En barrios de clase media con incidencias de entre u$s350 y u$s550 (Caballito, Villa Devoto, Almagro), la tierra es demasiado cara para un potrero, pero no existen grandes clubes que actúen como escudo. Akerman puntualiza: “A cada nivel de incidencia le corresponde una especie distinta. A medida que sube el valor del suelo desaparecen primero los potreros, después las canchas de alquiler y, al final, solo quedan los clubes”.
El desafío de la planificación
El crecimiento de Buenos Aires plantea un dilema para el futuro de su identidad deportiva. Los espacios que hoy ocupan los potreros o complejos comerciales son blancos móviles para nuevos desarrollos inmobiliarios. Sin una planificación que reconozca a la cancha como una infraestructura social tan vital como una plaza o una escuela, el riesgo de desaparición es inminente.
“El fútbol que realmente define la identidad porteña se juega en el potrero, en la cancha de alquiler y en los clubes de barrio. La ciudad tiene el desafío de incorporar esos espacios a la planificación urbana con la misma importancia que les asigna a las escuelas, los hospitales o las plazas. La pelota va a seguir rodando; la discusión pasa por decidir si todavía tendrá un lugar donde hacerlo”, concluye el director de Terres.









