El Centro Hirsch se erigió ayer como la primera institución de la comunidad judía en Argentina en recibir el umbral de memoria (Stolperschwelle), una obra del artista alemán Gunter Demnig. Este proyecto, que ya cuenta con más de 120.000 intervenciones en Europa, tiene el propósito de recordar a las víctimas del Holocausto en los lugares donde vivieron, trabajaron o fueron perseguidas.
La ceremonia reunió a autoridades institucionales, representantes diplomáticos, miembros de la comunidad y supervivientes. El evento incluyó el descubrimiento del umbral, la colocación de flores y el encendido de una vela conmemorativa.
El reconocimiento fue otorgado a la Asociación Filantrópica Israelita por su papel histórico en la asistencia a más de 12.000 personas que llegaron al país escapando del nazismo. Fundado en 1933, en plena expansión del régimen nazi, el Centro Hirsch se convierte en un símbolo tangible de una red de contención que salvó vidas y permitió su reconstrucción.
Diana Wang, miembro del Museo del Holocausto, subrayó la relevancia de este espacio en San Miguel para los sobrevivientes que llegaban de Europa huyendo de los nazis. “Los judíos alemanes hallaron en este espacio un nido caliente en donde compartían su cultura.”
Ruth Marshall tomó la palabra y relató que nació en Viena en 1931. Su padre era doctor en Derecho y se desempeñaba como asesor jurídico de la ciudad, mientras que su madre, una mujer emprendedora, tenía un negocio de cocinas y decoraciones.
La vida de la familia Marshall transcurría con normalidad hasta que, el 13 de marzo de 1939, la anexión de Austria a la Alemania nazi lo cambió todo. Ruth había comenzado la escuela primaria apenas seis meses antes. “Las botas nazis retumbaban en las calles de Viena y pisotearon mi infancia”, compartió, mientras el público la escuchaba en un silencio reflexivo. Los años escolares se transformaron en un recorrido de exilio, acumulando seis colegios, cuatro países y cuatro idiomas.
Su padre perdió su empleo, y Ruth fue expulsada de la escuela pública y enviada a una institución exclusiva para niños judíos, donde escaseaban tanto los recursos como los docentes. Su madre se vio forzada a vender su negocio a un precio impuesto por los nazis. La persecución avanzó rápidamente.
En septiembre de 1939, el padre de Ruth logró escapar a Francia de manera ilegal. Seis semanas después, ocurrió el pogromo conocido como la “Noche de los Cristales Rotos”. En su hogar, el miedo dominaba. Ruth evocó el silencio y las palabras que emergían de las conversaciones adultas: “Gestapo” y “Dachau” se habían vuelto sinónimos de horror.
La experiencia de Ruth se refleja en miles de historias que encontraron un acogedor espacio en instituciones como la Asociación Filantrópica Israelita.









