A lo largo de su trayectoria, ambos han enfrentado tanto momentos de éxito como de dificultad, pero sobre todo han compartido las adversidades que frecuentemente pasan desapercibidas para quienes observan el circuito desde afuera: lesiones prolongadas, giras con presupuestos limitados, patrocinadores que desaparecen y la constante incertidumbre de intentar vivir del tenis lejos de los grandes focos.
“El entrenador tiene que estar mucho más presente en las malas que en las buenas. Para mí, Vito es como una hija. Cuando llegan las etapas difíciles, hay que estar para ayudar, cebar un mate, cocinarle algo rico o simplemente acompañarla”, comentó Murray al inicio de una charla.
El coach, nacido hace 52 años en Chacabuco, ha acompañado a su pupila en diversas etapas. La tenista alcanzó recientemente las semifinales del W35 en el Centro de Tenis Los Marinos, un torneo de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) para impulsar el calendario internacional femenino en el país. “Victoria tiene una pasión por el tenis que pocas veces he visto, y por eso sigue jugando”, añadió.
La relación profesional comenzó en 2006, cuando Bosio —hoy de 31 años y situada en el puesto 339 del ranking WTA— era todavía una niña. El primer torneo que disputaron juntos fue un Grado 2 de menores en Rosario, y poco después realizaron su primer viaje internacional a un certamen en Villa Alemana, Chile.
Ambos aprendieron a sobrellevar diversas etapas de la carrera. A pesar de que el tenis dejó de brindar certidumbres, continuaron juntos. “Lo primero que se requiere es mucha paciencia. Los jugadores cambian con la edad, con las experiencias, con los golpes que da la carrera. Uno tiene que aprender a entender esos momentos”, reflexionó Murray.
El vínculo se enfrentó a su mayor desafío cuando aparecieron las lesiones. Bosio, que alcanzó el puesto 12 en el ranking junior y compitió en varios Grand Slams, perdió más de seis años de su carrera profesional debido a diversos inconvenientes físicos. El más severo fue una pubalgia crónica que se le diagnosticó al final de su etapa juvenil y que aún la afecta.
“Hubo un momento en el que pasaba todo el día acostada. Se levantaba y no podía caminar. Viajar en avión se convirtió en una tortura, ya que prefería estar de pie antes que sentada. Cuando se apagaba la señal del cinturón, se levantaba. Le molestaba hasta el contacto de una sábana”, rememoró Murray.
En años recientes, la tenista de Venado Tuerto tuvo que alejarse de las canchas durante toda la temporada 2022, ocho meses en 2023 y cuatro más en 2024. A pesar de las interrupciones, su entrenador constantemente la alentó. “Le decía: ‘Si deseas continuar, te acompaño. Y si prefieres buscar a otra persona, también te apoyo’. Pero ella siempre quiso seguir adelante”, aseguró.
“Vito ha llorado muchas veces en mi hombro. En un momento me preguntó: ‘¿Y si dejo de jugar, qué haré?’. Le respondí que, con todo lo que había aprendido en el tenis, seguramente le iría bien en cualquier ámbito. Pero eligió esforzarse por regresar”, añadió.
“Fede es como mi segundo padre y madre juntos. Somos un gran complemento dentro y fuera de la cancha. Lo quiero mucho”, destacó Bosio en una entrevista anterior. “Hubo un periodo en el que estaba muy mal. No quería levantarme de la cama, lloraba con frecuencia y no veía salida”, recordó.
Cada regreso tras un parate no solo implicó retos deportivos, sino también un reevaluar su situación económica. El circuito ITF, donde Bosio ha logrado 9 títulos y desarrollado parte de su carrera, dista mucho del glamour de los grandes torneos de la ATP y la WTA. Para la mayoría de los tenistas, viajar con un entrenador o fisioterapeuta implica una disminución de ganancias.
“Puedes participar en Interclubes en Alemania, por ejemplo. Eso ayuda, pero no es la solución. Luego hay que planificar cuidadosamente las giras. Este año, al mejorar su ranking, pudimos participar en varios torneos WTA 125. Pasar la clasificación no solo representa ganar un poco más, sino que también cubren el hotel, y eso implica un gran ahorro”, explicó Murray.
El impacto de las lesiones también significó la pérdida de respaldos económicos. “Cuando Vito era junior, estaba entre las mejores y contaba con patrocinadores de ropa, raquetas, de todo. Luego, con las lesiones, todo se esfumó”.
En medio de esta realidad, Murray se ha desempeñado en el Club Cunit, en la región española de Tarragona, cada vez que su agenda lo permite, y proyecta una mudanza a Europa una vez que Bosio se retire. “Necesitaba otra ocupación para sostener todos esos años en los que Victoria estuvo inactiva. Hoy está de vuelta, cerca de las 300 mejores del mundo, y para muchos puede parecer poco, pero para nosotros significa un gran esfuerzo”.
Aunque ha recibido varias ofertas para entrenar a otros tenistas, nunca se ha comprometido de forma permanente. “He viajado con alguna jugadora para colaborar económicamente con Vito y reducir costos. Pero en esta etapa, prefiero que seamos solo nosotros dos. Es un momento para implicarse al cien por ciento”.
A su alrededor, se ha consolidado un equipo que incluye al fisioterapeuta Luis Zamprogna, el preparador físico Javier Capitaine y la psicóloga deportiva Carina Morelli. “Siempre están para apoyarme en los momentos más difíciles. Hemos trabajado duro y estoy más que feliz y orgullosa”, expresó Bosio tras alcanzar la final del W35 de Pergamino hace dos semanas. Además, agregó: “Gracias por no dejarme caer nunca y porque, cuando las cosas se ponen difíciles, siempre están ahí para levantarme”.
Durante estos 20 años, la tenista y su entrenador también han aprendido a sobrellevar discusiones y momentos tensos. “Una comida siempre ayuda. En alguna ocasión, preparé un pulpo a la gallega que salió espectacular. También soy bueno haciendo pizzas a la parrilla. Vito cocina unos ñoquis caseros con salsa bolognesa y unos postres magníficos”, compartió.
Cuando se le pregunta cuál sería el mayor reconocimiento tras tantos años de trabajo, Murray no menciona rankings ni títulos: “Vito quiere volver a jugar las clasificaciones de Grand Slam que disputó en su etapa junior. Y yo deseo que, al final, quede como testimonio que si no te rindes y luchas por lo que realmente te apasiona, el camino recorrido siempre vale la pena.”









