Javier Caballero, originario de Cruz del Eje, Córdoba, fue el impulsor de esta ingeniosa convivencia. Este es su tercer Mundial, habiendo participado anteriormente en Brasil 2014 y Rusia 2018. “Esta vez no logré que amigos me acompañaran, cada uno tenía sus propios planes. Así que decidí buscar una casa a través de una plataforma de alquileres temporarios. Me uní a un grupo de WhatsApp, invité a gente a sumarse a esta locura y aquí estamos, los doce”, comentó.
Los doce integrantes de la casa se conocieron solo unas horas antes del partido contra Argelia. No sorprende que su primera acción conjunta fuera preparar un asado, donde las melodías de cumbia y cuarteto resonaron a todo volumen.
“Desde el primer día que formamos el grupo, la buena onda predominó. La gente que asiste al Mundial lo hace con la intención de compartir, de unirse y de confraternizar. Además, se busca conocer a otros para futuros encuentros, porque esto no termina nunca”, explicó Javier.
En la casa se pueden observar camisetas de equipos como Newell’s, Rosario Central, Talleres y Tigre, entre otros. Los participantes, en su mayoría llegaron solos desde diversas provincias de Argentina: Córdoba, Chaco, La Rioja, La Pampa, Rosario y Buenos Aires. “Lo más bonito del Mundial es que todos nos reunimos para alentar a un mismo equipo”, expresaron.
“Me uní a grupos en Facebook para organizar el viaje, ya que pensaba que todo sería muy costoso. También hubo algunos estafadores en el camino. Varios se fueron cayendo, y al final quedamos este grupo. Decidimos confiar, ya que no nos conocíamos y era necesario hacer transferencias de dinero para reservar. No resultó sencillo”, indicó uno de los integrantes.
El alquiler en una casa en un suburbio de Kansas City costó 1800 dólares por noche. Algunos compartieron habitación, mientras que otros se acomodaron en colchones en espacios comunes, y solo uno logró tener una habitación privada.
El inmueble dispone de cinco habitaciones, varios baños, una cocina, un área de lavado, un espacioso living y un mini cine, todo en medio de un parque que cuenta con parrilla, cancha de vóley y arcos de fútbol. “Solo falta la pileta”, bromeaban los fanáticos tras poner de manifiesto su emoción por la contundente victoria de 3-0 ante Argelia.
Aunque el tema económico podría haber sido complicado, llegaron a acuerdos claros rápidamente. Javier compartió: “Si salimos de compras o tomamos un taxi, uno paga y anotamos los gastos. Luego sumamos todo, descontamos lo que cada uno ya puso y el resto lo repartimos, transfiriendo entre nosotros. Aquí no existe eso de ‘yo llegué después’. Todos colaboramos por igual; esa es la política que seguimos”.
Cada integrante aportó 200 dólares para ingresar a la casa. De un total de 2400 dólares, 1800 fueron destinados al alquiler y el resto se utilizó para las primeras compras en el supermercado.
“Aquí somos todos amigos”, afirmaron, a pesar de conocerse solo desde hace menos de un día. Las risas y los chistes comenzaron a fluir de inmediato. El ambiente se llena de camaradería.
“Bienvenidos Javier y familia”, era el mensaje que la dueña de la casa dejó en un pizarrón en la cocina, previendo la confianza que surgió de forma inmediata entre los doce.
Después de quedar afónicos de tanto alentar a Lionel Messi, diez de los participantes partieron en una camioneta alquilada hacia Dallas, donde continuará la aventura. En esta ciudad se unirán dos nuevos huéspedes, quienes intentarán preservar el espíritu de amistad ya cimentado. “Vamos a presenciar los otros dos partidos con todo este grupo que conocimos ayer, pero con el que parece que compartimos la vida desde hace diez años”, concluyó Javier, con una sonrisa amplia.









