En un contexto donde la propiedad intelectual de semillas autógamas como la soja no ha sido reconocida, en 2021 la empresa Bayer decidió abandonar su negocio de semillas de soja en Argentina. La industria ha insistido en que la adhesión a normas internacionales, como el tratado UPOV-91, que ofrece mayor protección, podría atraer inversiones y la llegada de nuevos jugadores al mercado. Bayer es uno de los interesados en el desarrollo actual del sector en Argentina.
El gobierno argentino ha estado trabajando para implementar cambios que resguarden mejor la innovación en semillas. Con la participación de la Mesa de Enlace y la industria semillera, se busca establecer una nueva ley de semillas que reemplace la vigente desde 1973, una normativa que no contemplaba la biotecnología agrícola. Al mismo tiempo, se están llevando a cabo decisiones normativas como la de hoy y otra reciente que derogó una regulación de 2001, que complicaba el proceso de patentabilidad al requerir la intervención de un conjunto de organismos estatales. Además, se ha creado un nuevo marco de fiscalización, en colaboración con el sector privado, para las variedades que se inscriban en adelante.
Con la reciente modificación, se eliminan los criterios más estrictos para el patentamiento de materia viva, que exigían que los componentes biológicos estuvieran aislados, una condición considerada restrictiva por la industria. Sin embargo, es importante aclarar que, de acuerdo con la ley de patentes, no se pueden patentar ni plantas ni animales.
Se ha modificado un párrafo de la Resolución N° 243 de 2003, que establece que “no se considerarán invenciones a las plantas, los animales y los procedimientos esencialmente biológicos para su reproducción o producción (obtención)”, quedando excluidos de la protección. Específicamente, incluye que las plantas y animales, así como sus partes, estén fuera del ámbito de invenciones si pueden conducir a un organismo completo, sean o no modificados.
Tras estos cambios, Sturzenegger opinó que Argentina “vuelve al mundo en biotecnología”. Según el funcionario, la resolución representa una mejora significativa en el respeto a la propiedad intelectual y a la innovación en el país, ya que la normativa anterior había dificultado casi por completo el patentamiento de desarrollos biotecnológicos. “¿Cómo puede innovar alguien sin certeza de protección?”, interrogó. La consecuencia de esta situación fue que Argentina quedó atrás en comparación con naciones que habían adoptado un enfoque más flexible.
Sturzenegger subrayó que la producción agropecuaria argentina, una de las más competitivas del mundo, no contaba con acceso a tecnologías fundamentales que mejoran la productividad y la sostenibilidad. Para el ministro, ignorar la propiedad intelectual “desalienta el conocimiento, la inversión y el progreso”. Ahora, Argentina se alinea con normas internacionales que son respetadas por socios comerciales, ya que “una propiedad intelectual sólida es esencial para acceder a grandes mercados”.









