Los océanos están alcanzando temperaturas récord, lo que genera preocupación entre los científicos. Alertan sobre las potenciales consecuencias catastróficas tanto para el medio ambiente como para la economía en múltiples áreas del planeta. ‘El calor prolongado en los océanos no es sólo un problema ambiental’, afirmó Tom Pickerell, especialista en biología marina y director del programa de océanos del World Resources Institute (WRI), durante una reciente presentación a los medios.
Entre las repercusiones más visibles de esta situación se encuentran la disminución de la pesca para los pescadores marroquíes, la reducción del turismo en arrecifes de coral dañados y la parada de reactores nucleares debido a la proliferación de medusas, como sucedió este verano en Francia.
‘Un océano más cálido altera la pesca y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sostienen el turismo, pone bajo presión las infraestructuras energéticas y propicia fenómenos meteorológicos extremos que impactan a las comunidades costeras y las empresas’, destacó Pickerell, quien considera que esta problemática ‘debería preocupar a todos los ministros de Finanzas’ a nivel mundial.
Este tema se convertirá en uno de los focos centrales de la próxima cumbre climática de la ONU, la COP31, que se celebrará en noviembre en Antalya, bajo la co-presidencia de Turquía y Australia.
Las temperaturas de agosto alcanzaron niveles nunca antes vistos a nivel global y la temperatura media de los océanos, excluidas las regiones polares, se situó en 21,07 ºC durante ese mes, igualando así el récord obtenido en marzo de 2024, de acuerdo con informes del observatorio europeo Copernicus.
Además, el verano boreal de 2026, que abarca de junio a agosto, se registró como el más cálido desde 1993, según el Copernicus Marine Service, lo cual está vinculado principalmente al fenómeno natural de El Niño, el cual se perfila como especialmente intenso y se suma a los efectos del calentamiento global inducido por la actividad humana.









