Al ingresar a sus amplias oficinas en San Isidro, lo primero que llama la atención es una gran bandera de Brasil con las firmas de quienes lo orientaron para que GDM se convirtiera en líder del mercado de semillas de soja en ese país, expansión que luego los llevó a tener presencia en Estados Unidos y Sudáfrica.
Aunque ocupa el cargo de chairman de GDM, actualmente se concentra en su nueva empresa, Glycinemax, cuyo nombre rinde homenaje a la soja, dado que se refiere a su denominación en latín. Con ideas que suelen parecer innovadoras, como la que diferenciaron sus semillas de soja, maneja la producción en unas 30.000 hectáreas, tanto de campos propios como alquilados.
En su labor, utiliza tecnología de riego avanzada, con operaciones en Chacabuco, Salto y Córdoba, y cultiva soja, trigo y maíz. Además, es obtentor de semillas para una importante compañía del sector. Su planta de clasificación también le permite emprender en nueces en Mendoza y en la producción de trigo candeal, que se utiliza en pastas.
En sus inicios en el sector de las semillas, Bartolomé observó una tendencia conservadora en el mejoramiento de cultivos. “Empezamos con una política ofensiva, buscando productividad al apostar a ciclos más cortos para evitar enfermedades y plagas que son comunes cuando los cultivos se mantendrán más tiempo”, explicó.
Esa filosofía guía también a Glycinemax, donde está enfocado en crear más empleo que rentabilidad, manteniendo un equilibrio que considere el lucro como parte del negocio. “Estoy interesado en generar oportunidades para la gente”, afirmó.
Parte de sus planes incluye la fundación de dos colegios, uno en Argentina y otro en Brasil, proyecto ya en marcha en Paso Fundo, un barrio humilde a 250 kilómetros de Porto Alegre. En Argentina, la institución se construye en el barrio Ricardo Rojas, en Tigre.
“Consideramos esencial retribuir a las sociedades, tanto argentina como brasileña, las oportunidades que recibimos. Vengo de la educación pública y Argentina fue fundamental para el inicio de nuestra empresa. Uno de mis mayores orgullos fue ser seleccionado entre los 200 egresados de la UBA, que celebraba su bicentenario. En Brasil, se nos brindó la oportunidad de expandir nuestro negocio de mejoramiento genético en un país que ha visto un crecimiento significativo en el área de soja”, comentó.
Sobre el traspaso de GDM a su hijo, Bartolomé dijo: “Cuando cumplí 65, pensé que era el momento adecuado para que Ignacio asumiera. Él cuenta con una sólida formación académica y laboral. Decidimos evitar el doble comando, dividiendo nuestras responsabilidades: Ignacio en GDM y yo en Glycinemax. Si bien fue un desafío, lo disfruté. Ignacio asumió rápidamente el liderazgo con una visión contemporánea, orientándose hacia el futuro, mientras que mi perspectiva era a diez años. Él ve un horizonte de 30 años”.
Al ser consultado sobre cómo imagina la agricultura en los próximos 15 años, destacó la necesidad de industrializar y agregar valor. “Estamos en un ciclo donde el acceso al crédito ha mejorado. Sin crédito, es complicado crecer en un escenario de precios bajos y altos impuestos”.
Asimismo, comparó los modelos de producción en Argentina, Brasil y Estados Unidos: “En los tres países se arrienda tierra. En Argentina, el 60% de la producción proviene de campos alquilados, mientras que en Brasil y Estados Unidos esa cifra es del 30%. La notable diferencia radica en que, gracias al crédito, en Brasil y Estados Unidos, el arrendatario generalmente es un propietario vecino que tiene acceso a maquinaria a través de préstamos a largo plazo. En Argentina, muchos arrendatarios son contratistas o inversores, lo que afecta el modelo de negocios local”.
Por último, al abordar el tema de la ley de semillas, manifestó que la legislación vigente desde 1973 permite el uso propio gratuito, lo que resulta en la pérdida de tecnologías en el país. “Mientras Brasil pasó de cultivar 5 millones de hectáreas de soja en los años 80 a 45 millones hoy, Argentina solo avanzó de 3 millones a 15 millones”, concluyó.









