La aventura espacial no comenzó en 1957, cuando la nave soviética Sputnik logró su primer vuelo, ni en 1958 cuando Estados Unidos estableció la NASA tras el impacto del “momento Sputnik”. Aunque estas fechas marcan hitos importantes, sus raíces se remontan incluso más atrás. A finales del siglo XVI, Johannes Kepler, pionero en el estudio del movimiento planetario, vislumbró un futuro donde “habrá naves en el cielo con exploradores que no temerán la inmensidad del espacio”. Luego, en el siglo XX, Robert Goddard realizó el primer lanzamiento exitoso de un cohete propulsado por combustible líquido y sentó las bases de muchas innovaciones que hoy conocemos. La historia de la carrera espacial es analizada por Rainer Zitelman, un destacado historiador, economista y sociólogo alemán, quien recientemente presentó su obra “The New Space Capitalism (The Entrepreneurial Path to the Stars)”, también conocida como “El nuevo capitalismo espacial (el camino empresarial hacia las estrellas)”. En su libro, Zitelman desafía la idea de que la exploración espacial es esencialmente un esfuerzo estatal. Asegura que, aunque jugaron un rol importante, los esfuerzos públicos fueron solo una fracción de un proceso más amplio. Después del programa Apolo, la NASA vio reducirse su impulso, restando recursos a las misiones tripuladas y cambiando de rumbo hacia otras iniciativas como el transbordador Shuttle y la Estación Espacial Internacional (EEI). Durante 200 páginas, Zitelman expone por qué los programas estatales frecuentemente fracasan, a diferencia de la exploración privada que marcha con éxito. Tras el coste elevado del programa Apolo, que equivalente hoy sería de USD 450.000 millones, la ciencia espacial se estancó. En 2011, EEUU retiró su transbordador y tuvo que depender de Rusia para llevar a sus astronautas a la EEI, enfrentándose a precios desmesurados hasta que Elon Musk, impulsor de SpaceX, transformó radicalmente la dinámica con su enfoque innovador y su afán por reducir costes. Zitelman destaca que la iniciativa privada es clave para avanzar en esta nueva fase de la exploración, que requiere establecer derechos de propiedad sobre recursos en la Luna, Marte, asteroides y otros cuerpos celestes. “En la Tierra, ningún sistema económico puede prosperar sin derechos de propiedad privada; la gravedad puede desaparecer en el espacio, pero las leyes de la economía no”, argumenta. En una reciente entrevista, Zitelman respondió a cinco preguntas sobre el impacto de SpaceX y el potencial de Argentina en el capitalismo espacial. Comentó que el estancamiento de la carrera espacial durante casi cuatro décadas se debió a un sistema que incentivaba la ineficiencia, resaltando que al colaborar con el sector privado, Musk logró reducir los costos de lanzamiento en un 95 % y revolucionar la interacción con la NASA. Zitelman advierte que queda un aspecto crítico por resolver: la propiedad privada en cuerpos celestes, aspecto que, según su análisis, debe ser abordado para que se desarrolle una economía espacial sostenible. Propone que Argentina debería adoptar regulaciones avanzadas en materia espacial y permitir que las empresas adquieran propiedades celestes, promoviendo así un ecosistema que atraiga inversiones. Los beneficios del capitalismo espacial son numerosos, desde el turismo espacial hasta la minería de asteroides. Sin embargo, Zitelman enfatiza que lo primordial en esta primera fase serán los proyectos inmobiliarios en Marte y asteroides, lo que podría llevar a Argentina a ser un referente en el ámbito. Con una histórica base científica, que se remonta a observatorios construidos por iniciativa privada, y con un contexto actual en el que SpaceX lidera los lanzamientos espaciales a nivel global, Zitelman vaticina que el espacio se convertirá en un competido terreno de oportunidades económicas. Además, destaca que el potencial del banco de datos en el espacio podría llevar a una nueva ola de industria en torno a la computación y los datos, abriendo así un campo vasto para empresas innovadoras, incluidas las de Argentina, que podrían capitalizar su expertise en tecnología y satélites. El libro también aborda cómo el actual entorno de competencia espacial entre potencias, como EEUU y China, está motivando un enfoque aún más decidido en el desarrollo de infraestructura y recursos espaciales. Se espera que el mercado de la economía espacial continúe expandiéndose, alcanzando un valor significativo en los años venideros, y que la nave Starship de SpaceX juegue un papel crucial en esta evolución.









