La interrelación entre la respiración y la lactancia se vuelve crucial en las primeras etapas, dado que los bebés necesitan coordinar adecuadamente la respiración, la succión y la deglución. Según un estudio publicado en el International Journal of Pediatrics, durante este periodo los bebés tienden a respirar por la nariz al alimentarse, y una congestión puede dificultar tanto la ingesta como el descanso.
“Muchos padres suponen que las dificultades en la lactancia se deben únicamente a problemas de agarre o producción de leche. Sin embargo, la congestión nasal también puede jugar un papel importante”, comenta la doctora Pilar Hoyos, pediatra.
La especialista subraya que identificar estos problemas a tiempo puede hacer que la alimentación sea más sencilla para el bebé. De acuerdo con Hoyos, mantener una higiene nasal adecuada es beneficioso para la respiración y el bienestar tanto del niño como de la madre.
Un aspecto que los especialistas aconsejan observar son los cambios que pueden surgir durante la lactancia. Entre las señales que pueden alertar sobre una posible obstrucción nasal se encuentran el desprendimiento del pecho para facilitar la respiración, pausas frecuentes en la toma o un tiempo prolongado para alimentarse. Asimismo, las dificultades para dormir podrían estar vinculadas a la congestión nasal.
Estos comportamientos pueden pasar desapercibidos o ser malinterpretados como problemas propios de la lactancia. Sin embargo, una adecuada respiración nasal es fundamental para la coordinación de los movimientos necesarios para alimentarse.
Un estudio publicado en la revista CoDAS (Communication Disorders, Audiology and Swallowing) sugiere que un bueno flujo de aire nasal está relacionado con una mejor posición de la lengua y los labios, elementos esenciales para una lactancia efectiva.
Por ende, la atención a la salud nasal trasciende el alivio de una molestia respiratoria. Mantener despejadas las fosas nasales puede facilitar la respiración del bebé durante la alimentación y, según lo indicado por los estudios, mejorar las condiciones para una coordinación adecuada durante la lactancia.
En caso de congestión, los especialistas recomiendan seguir un régimen de higiene nasal. Si la obstrucción persiste, lo ideal es consultar al pediatra para determinar el tratamiento apropiado.
El impacto de la higiene nasal también ha sido estudiado en niños menores de dos años. Un ensayo clínico en el Turkish Journal of Medical Sciences halló que la irrigación nasal con solución salina o agua de mar mejoró la congestión, la alimentación y la calidad del sueño en esta franja etaria con infecciones respiratorias altas.
La evidencia resalta la relevancia de observar de manera integral las dificultades que pueden presentarse durante la lactancia. Programas prolongados de alimentación, pausas frecuentes o que el bebé se desprenda del pecho para respirar pueden ser indicativos de obstrucción nasal y no de problemas de agarre o de producción de leche.
Ante esta situación, la higiene nasal se presenta como una medida útil para promover una respiración más cómoda durante los primeros meses de vida. Este aspecto es particularmente significativo debido a la forma en que los bebés coordinar la respiración y la alimentación.
En este marco, existen diversos productos para la higiene nasal de los lactantes, como una solución de agua de mar estéril diseñada para limpiar las fosas nasales, que se recomienda para mantenerlas despejadas en casos de congestión.
La salud nasal, por lo tanto, emerge como un factor que puede influir en la lactancia en los primeros meses. Aunque las dificultades para alimentar a un bebé suelen asociarse a factores como el agarre y la producción de leche, los especialistas enfatizan la importancia de una adecuada respiración para que el bebé pueda alimentarse y descansar con mayor comodidad.
Por ese motivo, ante signos como desprendimiento del pecho para respirar, pausas frecuentes durante las tomas, un tiempo prolongado para alimentarse o dificultades en el sueño, es recomendable considerar una posible congestión nasal y, si persiste, consultar al pediatra.









