El ambiente habitual de competencia se hizo palpable desde los minutos previos con un rugido ensordecedor proveniente de las gradas, incluida la sur alta, que albergó a numerosos aficionados chilenos. “Solo le pido a Dios, que se mueran todos los chilenos… Soy bostero y de Argentina, no se olvida la traición a las Malvinas”, fue uno de los cánticos de La 12, creando un clima hostil hacia los visitantes, a pesar de la presencia del cartel “El respeto es titular” en las pantallas del estadio, una solicitud específica de la Conmebol.
Nadie, ni los más pesimistas, imaginó en ese instante, cuando los equipos saltaron al campo bajo el canto de “Boca, mi buen amigo”, el desenlace aterrador que se avecinaba. Desde los gritos en contra de la Conmebol por la solicitud de respeto, hasta el solemne minuto de silencio en honor a Fernando Gayoso, ex entrenador de arqueros fallecido recientemente, el contraste fue notable. Su imagen y mensaje: “Siempre en nuestros corazones”, aparecieron en los monitores.
La primera oportunidad que hizo vibrar el estadio fue un disparo de Zeballos dentro del área, una de las pocas aproximaciones que ilusionaron a los locales. Destacados personajes como Edinson Cavani y Alan Varela también estaban presentes en las gradas, lamentando lo que estaba sucediendo en el campo. Poco después, el Changuito ingresó al área y fue derribado en una jugada que pudo haber sido penal, pero el árbitro decidió dejar seguir la acción. Los reclamos hacia Roldán se hicieron intensos, al igual que en su anterior encuentro contra Cruzeiro.
Tras un inusual parate para hidratación, comenzó a crecer el descontento hacia Milton Giménez, quien se ha vuelto blanco de críticas por su rendimiento. Aventura tras media hora de juego, la Católica dominaba el encuentro y sus hinchas alentaban: “Vamos Cato, vamos, ponga huevos, que ganamos”, provocando la respuesta de los hinchas locales con un enfático “Vamos Xeneize, con huevo vaya al frente, que te lo pide toda la gente”.
Sobre el minuto 34, Boca mostró debilidades en su defensa, y la Universidad Católica aprovechó la oportunidad. Un ataque milimétrico culminó con el impresionante gol de Clemente Montes, quien, al igual que Rodrigo Palacio en sus días, recordó viejos nombres. El grito de gol chileno resonó a través de la Bombonera azotando el ánimo de los locales, que respondieron con “Movete, Xeneize movete; movete, dejá de joder; que esta hinchada está loca; hoy no podemos perder”.
El tiempo apremiaba y Boca, al no encontrar soluciones frente al sólido cerrojo defensivo del rival, empezó a frustrar a su hinchada. Con Roldán sumando cuatro minutos extras debido a las interrupciones, el equipo local no pudo generar ocasiones claras. El primer tiempo culminó inundado de silbidos por parte de los aficionados.
En la segunda mitad, Claudio Úbeda buscó un cambio de aire al hacer ingresar a Alan Velasco. Desde las tribunas, se escucharon gritos de ánimo, pero fue solo a los 12 minutos del segundo tiempo que Boca mostró un destello de esperanza con una chilena de Milton Giménez. Sin embargo, la afición reclamó más esfuerzo por parte de los jugadores, quienes sentían la presión. La tensión aumentó con la entrada de Miguel Merentiel, quien reemplazó a Giménez en medio de aplausos y silbidos de desprecio.
A medida que avanzaba el tiempo, las oportunidades para Boca se mantenían escasas. Una jugada que parecía prometer el empate fue invalidada por un offside ajustado. Con el tiempo agotándose, la suerte del equipo parecía sellada. Juan Román Riquelme, presente en la tribuna, se unió a la preocupación general por el rumbo que estaba tomando el partido. El presidente boquense, percibiendo el ambiente negativo, se retiró para hablar con otros directivos, buscando soluciones.
Cuando Roldán se acercó al portero chileno Vicente Bernedo para terminar el partido, los hinchas tomaron la iniciativa en las críticas. “La comisión, la comisión, se va la puta, que lo parió”, resonó entre los espectadores mientras otros se unían en un grito colectivo de “que se vayan todos, que no quede, ni uno solo”. A pesar de que algunos jugadores intentaron disculparse levantando sus brazos, el descontento se hizo palpante.
Boca concluyó esta etapa del semestre con el peso de la decepción tras la eliminación. En este primer semestre, el único rayo de luz fue el triunfo en el Superclásico, aunque ese notable momento se opacó por la reciente caída. Ahora, el club enfrenta la necesidad de una evaluación exhaustiva y de definir un futuro repleto de dudas.









