En esta conversación cercana, el artista reflexionó sobre sus raíces en Barcelona y revivió los años formativos de su vida, influenciados por su entorno familiar. También analizó los principios que heredó de sus padres, el contexto en el que se crio y cómo todo ello moldeó su perspectiva del mundo. Uno de los temas centrales fue su conexión emocional con la casa de su infancia, la cual todavía posee.
Serrat se crió en una familia de recursos limitados, donde las lecciones de vida se impartían a través de la experiencia diaria más que por discursos elaborados. Recordó a su padre, Josep Serrat, un hombre polifacético, diciendo: “No tuve un padre intelectualmente formado, pero humanamente estaba perfectamente amueblado. Era habilidoso, sabía hacer de todo: carpintero, fontanero, electricista, albañil. Nos enseñó muchas cosas y era un buen tipo, educado y correcto”.
En este sentido, destacó: “Yo no he necesitado que me dijeran qué era lo bueno y lo malo, me bastaba con ver lo que ocurría en casa. No nos pusieron unas normas de comportamiento, nos venían de fábrica”. Además, recordó con afecto a su madre, Ángeles Teresa, a quien caracterizó como un pilar fundamental en el hogar. Resaltó tanto su afecto como su temperamento, subrayando: “Mamá era el ying y el yang de mi casa. Era muy cariñosa y trabajadora, un poco exagerada como buena latina. Cuando hacía falta poner orden, no se cortaba en soltar un guantazo”.
En otro segmento de la charla, el cantautor enfatizó el estrecho lazo que conserva con la casa de su niñez, a la que continúa visitando: “Vivo en un barrio de Barcelona, cerca de la montaña de Montjuïc, en una casita con jardín, muy distinto a donde nací, una calle oscura cerca del puerto”.
“Sigo yendo porque aún me queda algún amigo y porque la casa donde nací es probablemente la última de mis propiedades que vendería. La tengo todavía y en ella vivió mi hermano hasta que murió, también mis tíos. La voy restaurando constantemente a medida que diferentes miembros de la familia la van ocupando”, añadió.
Para concluir, Serrat ofreció una reflexión sobre el paso del tiempo y la memoria, comentando que ciertos recuerdos son inmunes al olvido: “Lo último que perdemos es la niñez y la música. No nos acordamos de lo que hicimos hace 4 años pero sí de cómo se llamaba la lechera de nuestra calle. Vas recuperando la infancia.”









